domingo, julio 22, 2007

Capítulo 21: El Cuento de los Tres hermanos.


Harry se volvió para mirar a Ron y a Hermione. Ninguno de ellos parecía haber entendido tampoco lo que había dicho Xenophilius
-¿Las Reliquias de la Muerte?
-Eso es -dijo Xenophilius-. ¿No habéis oido hablar de ellas? No me sorprende. Muy, muy pocos magos creen en ellas. Como esos jóvenes cabezaduras en la boda de su hermano -se inclinó hacia Ron- !me atacaron por ostentar el símbolo del bien conocido Mago Oscuro! Que ignorancia. Al menos no hay nada Oscuro en las Reliquias, no en esencia. Uno simplemente utiliza el símbolo para mostrarse a sí mismo ante los otros creyentes, con la esperanza de que puedan ayudarle en la Búsqueda.
Dejó caer varios terrones de azúcar en la infusión gurdirraíz y bebió un poco.
-Lo siento. –dijo Harry-. De verdad, todavía no lo entiendo.
Por ser educado, también tomó un sorbo de su taza, y casi se ahoga: la cosa estaba bastante asquerosa, como si alguien hubiera licuado Grageas de Sabores de sabor a moco.
-Bueno, verás los creyentes buscan Las Reliquias de la Muerte –dijo Xenophilius lamiéndose los labios con evidente aprecio a la infusión de Gurdyroot.
-¿Pero que són Las Reliquias de la Muerte? –preguntó Hermione.
Xenophilius dejó a un lado la vacía taza de té.
-¿Doy por supuesto que todos ustedes están familiarizados con “El Cuento de los Tres Hermanos"?
Harry dijo. "No", pero Ron y Hermione dijeron "Sí". Xenophilius asintió con seriedad.
-Bueno, Bueno. Sr. Potter, todo esto empieza con “El Cuento de los Tres Hermanos”… Tengo una copia en alguna parte…
Miró vagamente por la habitación, hacia los montones de pergaminos y libros, pero Hermione dijo,
-Yo tengo una copia, Señor Lovegood, la tengo aquí mismo.
Y sacó Los Cuentos de Beedle el Bardo del pequeño bolso de cuentas.
-¿El original? –preguntó Xenophilius con agudeza, y cuando ella asintió, dijo-. En fin, ¿por qué no lo lee en voz alta? Es la mejor forma de asegurar que todos lo entendemos.
-Eh... de acuerdo -dijo nerviosamente Hermione. Abrió el libro, y Harry vió que el símbolo que estaban investigando encabezaba la página, mientras ella se aclaraba la garganta y empezaba a leer.
-Había una vez tres hermanos que viajaban al atardecer por un camino solitario y sinuoso.
-A medianoche, mamá siempre nos lo contaba así -dijo Ron, que había extendido los brazos detrás de la cabeza para escuchar.
Hermione le lanzó una mirada de enfado.
-¡Lo siento, creo que es más espeluznante si es medianoche! –dijo Ron.
-Sí, porque necesitamos realmente un poco más de terror en nuestras vidas -dijo Harry antes de poder contenerse.
Xenophilius no parecía prestar mucha atención, sino que miraba fijamente el cielo a través de la ventana.
-Continúa, Hermione.
-Con el tiempo, los hermanos alcanzaron un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Sin embargo, estos hermanos habían aprendido las artes mágicas, y con el sencillo ondear de sus varitas hicieron aparecer un puente sobre el agua traicionera. Iban ya por la mitad del puente cuando encontraron el paso bloqueado por una figura encapuchada. Y la Muerte les habló...
-Perdón -interrumpió Harry-, pero ¿La Muerte les habló?
-¡Es un cuento de hadas Harry!
-De acuerdo, lo siento, sigue.
-Y la muerte les habló. Estaba enojada por que le hubieran sido escatimadas tres nuevas víctimas, ya que los viajeros normalmente se ahogaban en el río. Pero La Muerte era astuta. Fingió felicitar a los tres hermanos por su magia, y dijo que cada uno de ellos había ganado un premio por haber sido lo suficientemente listos como para engañarla.
-Así el hermano mayor, que era un hombre combativo, pidió la varita más poderosa que existiera, una varita que ganara siempre en los duelos para su dueño, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte! Así que La Muerte cruzó hasta un viejo árbol de Sauco en la ribera del río, dando forma a una varita de una rama que colgaba, y se la entregó al hermano mayor.
-Entonces el segundo hermano, que era un hombre arrogante, decidió que quería humillar a La Muerte todavía más, y pidió el poder de resucitar a los muertos. Así que la Muerte recogió una piedra de la orilla del río y se la dio al segundo hermano, y le dijo que la piedra tenía el poder de traer de vuelta a los muertos.
-Entonces la Muerte preguntó al tercer y más joven de los hermanos lo que quería. El hermano más joven era el más humilde y también el más sabio de los hermanos, y no confiaba en La Muerte. Así que pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la Muerte pudiera seguirle. Y la Muerte, de mala gana, le entregó su propia Capa de Invisibilidad.
-¿La Muerte tenía una Capa de Invisibilidad? –Interrumpió Harry de nuevo.
-Así puede acercarse sigilosamente a las personas, -dijo Ron-. A veces se aburre de correr tras ellos, agitando los brazos y chillando… lo siento Hermione.
-La Muerte se apartó y permitió a los tres hermanos continuar su camino, y así lo hicieron, charlando asombrados sobre la aventura que habían vivido, y admirando los regalos de La Muerte.
En su debido momento los hermanos se separaron, cada uno hacia su propio destino
El primer hermano viajó durante una semana más, y alcanzó un pueblo lejano, acompañando a un camarada mago con el que tuvo una riña. Naturalmente con la Varita de Saúco como arma, no podía perder en el duelo que seguiría. Dejando al enemigo en el suelo el hermano mayor avanzó hacia la posada, donde alardeó en voz alta de la poderosa varita que le había arrebatado a la Muerte, y de como ésta lo hacía invencible.
Esa misma noche, otro mago se acercó sigilosamente al hermano mayor que yacía, empapado en vino, sobre la cama. El ladrón tomó la varita y para más seguridad, le cortó la garganta al hermano mayor.
Y así la Muerte tomó al primer hermano para sí.
Entretanto, el segundo hermano viajaba hacia su casa, donde vivía solo. Allí sacó la piedra que tenía el poder de resucitar a los muertos, y la volteó tres veces en su mano. Para su asombro y su deleite, la figura de la chica con la que una vez había esperado casarse, antes de su muerte prematura, apareció ante él.
Pero ella estaba triste y fría, separada de él por un velo. Sin embargo había vuelto al mundo, pero ese no era su sitio y sufría. Finalmente el segundo hermano, impulsado por un loco anhelo desesperado, se mató para reunirse finalmente con ella.
-Así fue como La Muerte tomó al segundo hermano para sí.
Sin embargo La Muerte buscó al tercer hermano durante muchos años, y nunca pudo encontrarlo. Fue sólo cuando tenía ya una edad avanzada que el hermano más joven finalmente se quitó la Capa de Invisibilidad y se la dio a su hijo. Y entonces saludó a la Muerte como a una vieja amiga y fue con ella gustosamente, e igualmente, pasó a mejor vida.
Hermione cerró el libro. Pasó un momento o dos antes que Xenophilus pareciera darse cuenta que había dejado de leer, luego apartó la vista de la ventana y dijo:
-Bien ahí las teneis.
-¿Perdón? –dijo Hermione, que parecía confundida.
-Esas son las Reliquias de la Muerte -dijo Xenophilus.
Agarró una pluma de la atestada mesa a su vera, y sacó un pedazo roto de pergamino de en medio de otros libros.
-La Varita de Saúco -dijo dibujando una línea vertical sobre el pergamino-. La Piedra de Resurrección, -dijo añadiendo un círculo encima de la línea-. La Capa de Invisibilidad, -terminó incluyendo la línea y el círculo dentro de un triángulo, para dibujar el símbolo que tanto intrigaba a Hermione-. Unidas -dijo- Las Reliquias de la Muerte.
-Pero no se mencionan las palabras “Reliquias de la Muerte” en la historia -dijo Hermione.
-Bueno, claro que no -dijo Xenophilius, exasperantemente pagado de sí mismo-. Eso es un cuento de niños, para divertir a la vez que instruir. Aquellos de nosotros que entendemos de estas materias, sin embargo, reconocemos que esa antigua historia hace referencia a los tres objetos, o Reliquias, las cuales, reunidas, convierten a su dueño en el amo de la Muerte.
Hubo un corto silencio en el cual Xenophilius miró por la ventana.
El sol ya estaba bajo en el cielo.
-Luna debería tener pronto bastantes Plimpies -dijo quedamente.
-Cuando usted dice “amo de la Muerte”… -dijo Ron.
-Amo, -dijo Xenophilius, agitando una mano en el aire-. Conquistador, Vencedor. El término que prefiera.
-Pero entonces… quiere decir… -dijo lentamente Hermione, y Harry podía ver que estaba intentando eliminar de su voz cualquier rastro de escepticismo-, que usted cree que esos objetos (esas Reliquias) ¿realmente existen?
Xenophilius alzó las cejas otra vez.
–Por supuesto.
-Pero -dijo Hermione, y Harry podía oír como su contención empezaba a agrietarse-, Sr. Lovegood, ¿cómo puede usted creer…?
-Luna me ha hablado sobre ti, jovencita, -dijo Xenophilius-. No es usted, deduzco, poco inteligente, pero está dolorosamente limitada. Estrecha de miras. De mente cerrada.
-Quizas deberías probarte el sombrero, Hermione -dijo Ron, inclinándose hacia el absurdo tocado. Su voz temblaba por la tensión de evitar reírse.
-Señor Lovegood -empezó otra vez Hermione-, Sabemos que existen cosas como las Capas de Invisibilidad. Son raras, pero existen. Pero…
-¡Ah, pero la Tercera Reliquia es una verdadera Capa de Invisibilidad, Señorita. Granger! Quiero decir que, no es una capa de viaje imbuida con un Encantamiento de Desilusión, o portadora de un Hechizo de Bedazzling, o algún tejido del pelo de Demiguise, el cual le esconde a uno al principio pero se marchita con los años hasta que se vuelve opaco. Estamos hablando de una capa que realmente vuelve al que la lleva completamente invisible, y dura eternamente, proporcionando constante e impenetrable ocultamiento, sin importar que hechizos le lancen. ¿Cuántas capas como esa ha visto, Señorita Granger?
Hermione abrió la boca, luego la cerró otra vez, parecía más confundida que nunca. Ella, Harry y Ron se miraron entre ellos, y Harry sabía que todos estaban pensando lo mismo. Sucedía que una capa exactamente como la que Xenophilius había descrito había estado en la habitación con ellos en todo momento.
-Exactamente -dijo Xenophilius, como si los hubiera derrotado con su razonada argumentación.
-Ninguno de ustedes ha visto nunca tal cosa. El poseedor sería inconmensurablemente rico, ¿no? -Miró a través de la ventana de nuevo. El cielo estaba ahora teñido de un leve vestigio de rosado.
-De acuerdo -dijo Hermione, desconcertada-. Digamos que la Capa existe… ¿que hay de la piedra, Señor Lovegood? ¿Eso que usted llama la Piedra de Resurrección?
-¿Qué hay de eso?
-Bien, ¿cómo puede ser eso real?
-Pruebe que no lo es -dijo Xenophilius.
Hermione parecía indignada.
-Pero eso es… lo siento, ¡pero es completamente ridículo! ¿Cómo puedo probar que no existe? ¿Espera de mí que recoja… todos los guijarros del mundo y los pruebe? Es decir, ¡puede afirmar que todo eso existe con la única base para creer en ello el que nadie puede probar que no existen!
-Sí, puedo -dijo Xenophilius-. Me alegra ver que ha abierto un poco su mente.
-Y la Varita de Saúco, -dijo Harry rápidamente, antes de que Hermione pudiera replicar-, ¿piensa usted que también existe?
-Oh, bien, en ese caso hay interminables pruebas -dijo Xenophilius-. La Varita de Saúco es la Reliquia a la que resulta más fácil seguirle la pista, por la forma en que cambia de mano.
-¿Qué es? –preguntó Harry.
-Que consiste en que el poseedor de la varita debe quitársela a su propietario anterior, si es verdaderamente el amo de la misma -dijo Xenophilius-. ¿Seguramente has oído hablar de como la varita llegó a Egbert el Ilustre, tras matar salvajemente a Emeric el Malvado? ¿De cómo Godelot murió en su propio sótano después de que su hijo, Hereward, le robara la varita? ¿Del horrible Loxias, que robó la varita a Baraabas Deverill, al cual había asesinado? La sangrienta huella de la Varita de Saúco está salpicada a través de las páginas de la historia de la Brujería.
Harry echó un vistazo a Hermione. Que miraba con el ceño fruncido a Xenophilius pero no le contradecía.
-¿Y dónde cree que está ahora la Varita de Saúco? –preguntó Ron.
-Desgraciadamente, ¿Quién lo sabe? –contestó Xenophilius, mientras echaba un vistazo por la ventana-. ¿Quién sabe dónde yace escondida la Varita de Saúco? La huella se enfría con Arcus y Livius. ¿Quién puede decir cual de ellos realmente derrotó a Loxias, y quién tomó la varita? ¿Y quien puede decir quien los derrotó a ellos? La historia, desgraciadamente, no nos lo cuenta.
Hubo una pausa. Finalmente Hermione preguntó tensa,
-Señor Lovegood, ¿tiene algo que ver la familia Peverell con las Reliquias de la Muerte?
Xenophilius pareció desconcertado y algo se agitó en la memoria de Harry, pero no lo podía localizar. Peverell… había oído antes ese nombre…
-¡Pero usted me ha estado induciendo a error, jovencita! –dijo Xenophilius, sentándose ahora mucho más derecho en la silla y mirando con ojos saltones a Hermione-. ¡Pensaba que eras nueva en la Búsqueda de las Reliquias! ¡Muchos de los Buscadores creemos que los Peverells tienen mucho… mucho... que ver con las Reliquias!
-¿Quiénes son los Peverells? –preguntó Ron.
-Ese era el nombre grabado en la tumba que tenía la marca, en el Valle de Godric, -dijo Hermione, sin apartar la vista de Xenophilius-. Ingnotus Peverell.
-¡Exactamente! –dijo Xenophilius, con el dedo índice alzado con pedantería-.¡El signo de las Reliquias de la Muerte en la tumba de Ignotus es una prueba definitiva!
-¿De qué? –preguntó Ron.
-¡De qué, esos tres hermanos de la historia fueran de hecho los tres hermanos Peverell, Antioch, Cadmus e Ignotus! ¡Qué ellos fueron los primeros propietarios de Las Reliquias!
Echando otra mirada hacia la ventana se levantó, y recogió la bandeja, encaminándose hacia la escalera de caracol.
-¿Os quedaréis a cenar? –les gritó, mientras desaparecía escaleras abajo de nuevo-.Todo el mundo nos pide la receta de la sopa Freshwater Plimply.
-Seguramente para mostrarla en el Departamento de Venenos de St. Mungo -dijo Ron en voz baja.
Harry esperó hasta que pudieron oír a Xenophilius moverse en la cocina escaleras abajo antes de hablar.
-¿Tú qué piensas? –le preguntó a Hermione.
-Oh, Harry, -dijo ella con cansancio-, es un absoluto montón de basura. Esto no puede ser lo que realmente significa el signo. Debe ser su extraña manera de asumirlo. Qué perdida de tiempo.
-Supongo, este es el hombre que nos trajo los Snorkacks de Cuerno Retorcido -dijo Ron.
-¿No creíste tampoco en eso? –le preguntó Harry.
-No, esa historia es de esas cosas que cuentas a los niños como moralejas, ¿no? ¡No busques problemas, no busques peleas, no hagas el tonto con esas cosas es mejor dejarlo en paz! Sólo mantén la cabeza gacha, ocúpate de tus asuntos y todo irá bien. Piensa en ello -añadió Ron-, quizás es por esas historias por lo que se cree que las varitas de saúcos supuestamente traen mala suerte.
-¿De qué estas hablando?
-Una de esas supersticiones, ¿verdad? “Las brujas nacidas en mayo se casarán con muggles” “Maldición en el crepúsculo, deshecha a medianoche” “La varita de sauco, nunca prospera” Tienes que haberlas oído. Mi madre tiene un montón.
-Harry y yo hemos crecido entre muggles, -le recordó Hermione-. Nos enseñaron otras supersticiones. –Suspiró profundamente cuando un olor más bien acre ascendió desde la cocina. La única cosa buena de su exasperación con Xenophilius era que parecía haber olvidado que estaba enfadada con Ron-. Creo que estás en lo cierto, -le dijo–. Sólo es una moraleja, es obvio qué regalo es el mejor, el que uno escogería…
Los tres hablaron al mismo tiempo: Hermione dijo,
-la Capa,
Ron dijo,
-La Varita,
Y Harry,
-La Piedra.
Se miraron, medio sorprendidos, medio divertidos.
-Se suponía que dirías la Capa, -le dijo Ron a Hermione-, pero no necesitas ser invisible si tienes la varita. Una varita invencible, Hermione, ¡vamos!
-Ya tenemos una Capa de Invisibilidad, -dijo Harry.
-¡Y nos ha ayudado bastante, por si no os habías dado cuenta! –respondió Hermione-. Mientras que la varita atraería problemas…
-Solo si lo das a conocer, -argumentó Ron-. Sólo si fueras lo bastante idiota como para ir a bailando y cantando, agitándola sobre tu cabeza, “tengo una varita invencible, inténtalo si crees que eres lo bastante fuerte”. Mientras mantengas la boca cerrada...
-Si, ¿pero podrás mantener tú la boca cerrada? –dijo Hermione, con escepticismo-. ¿Sabes que la única cosa auténtica que nos ha dicho es que ha habido tres historias sobre varitas súper poderosas en centenares de años.
-¿Las hay? –preguntó Harry.
Hermione parecía exasperada. La expresión era tan encantadoramente familiar que Harry y Ron se sonrieron mutuamente.
-La Rama de la Muerte, la Varita del Destino, surgen bajo nombres diferentes a lo largo de los siglos, normalmente en posesión de algún Mago Oscuro que alardea de ellas. El profesor Binns mencionó alguna cosa, pero… oh, todo esto es una tontería. Las varitas sólo tienen tanto poder como los magos que las utilizan. A algunos magos simplemente les gusta alardear de que las suyas son más grandes y mejores que las de los demás.
-¿Pero cómo sabes, -dijo Harry- que esas varitas... la Rama de la Muerte y la Varita del Destino... no son la misma varita, saliendo a la superficie a lo largo de los siglos bajo diferentes nombres?
-¿Qué pasa si realmente todas ellas son la Varita de Saúco, fabricada por la Muerte? –dijo Ron.
Harry rió. La extraña idea que se le había ocurrido era después de todo, ridícula. Su varita, se recordó, estaba hecha de acebo, no de saúco, y había sido fabricada por Ollivander, hiciera lo que hiciera esa noche en que Voldemort le había perseguido a través de los cielos; y si hubiera sido invencible, ¿cómo podría haberse roto?
-¿Entonces por qué escogerías la piedra? –le preguntó Ron.
-Bueno, si pudiera traer a la gente de regreso, podríamos tener a nuestro lado Sirius… Ojoloco… Dumbledore… a mis padres…
Ni Ron ni Hermione sonrieron.
-Pero según Beedle el Bardo, ellos no querían volver, ¿no? –dijo Harry, pensando en el cuento que acababan de escuchar-. No creo que haya muchas otras historias sobre piedras que puedan resucitar a los muertos, ¿las hay? –preguntó a Hermione.
-No -replicó ella tristemente-. No creo que nadie excepto el Señor Lovegood pudiera engañarse a sí mismo creyendo que es posible. Probablemente Beedle tomó la idea de La Piedra del Hechicero; ya sabes, en vez de una piedra que te hiciera inmortal, una piedra que invirtiera la muerte.
El olor de la cocina se hacía más fuerte. Algo así como a calzoncillos quemados. Harry se preguntó si le sería posible comer algo de lo que Xenophilius estaba cocinando para no herir sus sentimientos.
-¿Sin embargo, qué hay de la Capa? –dijo Ron lentamente-. ¿No te das cuenta, él está en lo cierto? He utilizado la Capa de Harry y sé como funciona, nunca me detuve a pensarlo. Y nunca he oído hablar de ninguna como la de Harry. Es infalible. Nunca hemos sido divisados bajo ella…
-¡Por supuesto que no… somos invisibles cuando estamos bajo ella, Ron!
-Pero todas esas cosas que él dijo sobre las otras capas, y no eran precisamente de diez Knuts, sabes, ¡es cierto! Nunca se me había ocurrido antes pero he oído bastante respecto a encantamientos sobre capas que cuando envejecían, o eran desgarradas por hechizos tenían agujeros, la de Harry pertenecía a su padre, por lo tanto no es precisamente nueva, ¡pero se conserva... perfectamente!
-Bien, de acuerdo, pero Ron, la piedra…
Mientras ellos discutían entre susurros, Harry se paseaba por la habitación, escuchando a medias. Alcanzó la escalera de caracol, alzó distraídamente los ojos hacia el siguiente piso y se distrajo un vez más.
Su propia cara lo miraba desde el techo de la habitación. Tras unos momentos de desconcierto, se dio cuenta de que no era un espejo, si no una pintura. Curioso, empezó a subir las escaleras.
-Harry, ¿qué estás haciendo? ¡No creo que debas mirar por aquí cuando él no está!
Pero Harry ya había alcanzado el siguiente nivel. Luna había decorado el techo de la habitación con cinco preciosas caras pintadas: Harry, Ron, Hermione, Ginny y Neville. No se movían como en las fotos de Hogwarts, pero había una cierta magia en ellos. Harry creyó que respiraban. Lo que parecía ser una fina cadena dorada se tejía alrededor de las pinturas uniéndolas, pero tras examinarlas durante un minuto o más, Harry se percató que la cadena era una palabra repetida miles de veces en tinta dorada : amigos… amigos… amigos…
Harry sintió una gran corriente de afecto hacia Luna. Estudió la habitación. Había una gran fotografía junto a la cama, de una joven Luna y una mujer a la que se parecía mucho. Se abrazaban. Luna parecía bastante mejor vestida en esa foto de lo que Harry la había visto en su vida. La foto estaba cubierta de polvo. Eso le pareció a Harry un poco raro. Miró alrededor. Algo iba mal. La pálida alfombra azul estaba también cubierta de polvo. No había ropa en el armario, las puertas estaban entreabiertas. La cama tenía una apariencia fría y antipática, como si no se hubiera dormido en ella durante semanas. Una solitaria telaraña se extendía a través de la ventana cruzando el cielo rojo sangre.
-¿Qué ocurre? –preguntó Hermione mientras Harry descendía las escaleras, pero antes de que pudiera responderle, Xenophilius alcanzó los escalones superiores llegando desde la cocina, ahora trayendo una bandeja cargada con tazones.
-Señor Lovegood, -dijo Harry-. ¿Dónde está Luna?
-¿Perdón?
-¿Dónde está Luna?
Xenophilius se detuvo en el último escalón.
-Ya… se os lo he dicho. Está abajo en el Puente Botions pescando Plimpies.
-¿Entonces por qué ha preparado esa bandeja sólo para cuatro?
Xenophilius intentó hablar, pero no le salió ningún sonido. El único ruido que se oía era el traqueteo continuado de la imprenta, y un leve repiqueteo en la bandeja cuando las manos de Xenophilius temblaron.
-No creo que Luna haya estado aquí desde hace semanas. –dijo Harry-. Su ropa no está, no ha pasado la noche en su cama. ¿Dónde está? ¿Y por qué mira continuamente hacia la ventana?
Xenophilius dejó caer la bandeja. Los tazones rebotaron y se hicieron pedazos. Harry, Ron y Hermione sacaron sus varitas. Xenophilius se quedó congelado a punto de meter la mano en el bolsillo. En ese momento la imprenta hizo un enorme ruido y numerosos Quibblers salieron en tropel a través del suelo desde debajo del mantel, al menos la imprenta se quedó en silencio. Hermione se detuvo y recogió una de las revistas, todavía con la varita apuntando al Señor Lovegood.
-Harry, mira esto.
Se acercó a ella tan rápido como pudo a través de todo el desorden.
La portada de El Quisquilloso llevaba su foto, adornada con las palabras “Indeseable Numero Uno” y con la recompensa al pie de foto.
-¿Entonces, El Quisquilloso opta por un nuevo punto de vista? –preguntó Harry fríamente, con la mente trabajando a toda máquina-. ¿Qué hizo usted cuando fue al jardín, Señor Lovegood? ¿Enviar una lechuza al Ministerio?
Xenophilius se lamió los labios.
–Me quitaron a Luna -susurró-, A causa de lo que estaba escribiendo. Me quitaron a Luna y no se donde está, qué le han hecho. Pero me la devolverán si yo… si yo…
-¿Entrega a Harry? –terminó Hermione por él.
-No hay trato. –Dijo Ron rotundamente-. Apártese de nuestro camino, nos vamos.
Xenophilius estaba pálido como la cera, como si tuviera cien años, sus labios retrocedieron con espantosa malicia.
-Estarán aquí de un momento a otro. Tengo que salvar a Luna. No puedo perder a Luna. No podéis marcharos.
Extendió los brazos frente a la escalera, y Harry tuvo la repentina visión de su madre haciendo lo mismo frente a su cuna.
-No nos obligue a hacerle daño, -dijo Harry-. Apártese de nuestro camino, Señor Lovegood.
-¡Harry! –gritó Hermione.
Figuras con escobas pasaban volando ante de las ventanas. Cuando los tres apartaron de él la mirada, Xenophilius sacó la varita. Harry se percató de su error justo a tiempo. Se lanzó a un lado, empujando a Ron y a Hermione fuera de peligro mientras el Hechizo Contundente de Xenophilius se alzaba por la habitación y golpeaba el cuerno del Erumpent.
Hubo una explosión colosal. Por el sonido parecía que hubiera explotado la habitación.
Fragmentos de madera, papel y escombros volaban en todas direcciones, junto con una nube impenetrable de espeso polvo blanco. Harry voló por los aires, chocando luego contra el suelo, incapaz de ver mientras los escombros llovían sobre él, con los brazos sobre la cabeza. Oyó el grito de Hermione, el alarido de Ron, y una serie de escalofriantes ruidos metálicos que le informaron de que Xenophilius había perdido pie y caído por las escaleras de caracol.
Medio enterrado en los escombros, Harry trató de levantarse. A penas podía respirar o ver a causa del polvo.
La mitad del techo había caído y un extremo de la cama de Luna colgaba por el agujero.
El busto de Rowena Ravenclaw yacía a su lado con la mitad de la cara ausente, fragmentos de pergamino roto que flotaban en el aire, y la mayor parte de la imprenta yacía a su lado, bloqueando la parte superior de las escaleras hacia la cocina. Entonces otra forma blanca se movió a su lado, y Hermione, cubierta polvo como una segunda estatua, se presionó el dedo contra los labios.
La puerta de abajo se abrió de golpe.
-¿No te dije que no había necesidad de correr, Travers? –dijo una voz áspera-. ¿No te dije que este chiflado está tan loco de atar como de costumbre? –Se oyó un golpe y un grito de dolor provenientes de Xenophilius.
-¡No… no… arriba… Potter!
-Te lo dije la semana pasada Lovegood, ¡que no íbamos a volver por nada menos que algo de información sólida! ¿Recuerdas la semana pasada? ¿Cuando querías intercambiar a tu hija por ese estúpido sombrero ensangrentado? Y la semana anterior (Otro golpe, otro chillido) ¿cuando creías que te la entregaríamos si nos ofrecías la prueba de que existían los Crumple (golpe) Horned (golpe) Snorkacks?
-¡No… no… se lo suplico! –Xenophilius sollozó-. ¡Realmente es Potter, de verdad!
-¡Y ahora resulta que sólo nos ha llamado aquí para tratar de hacernos estallar! -rugió el mortífago, y hubo una descarga de golpes intercalados con los gritos de agonía de Xenophilius.
-El lugar parece a punto de caerse, Selwyn, -dijo fríamente una segunda voz, resonando hacia a las escaleras destrozadas-. Las escaleras están completamente bloqueadas. Tratar de despejarlas podría derribar el lugar.
-Estas mintiendo pedazo de porquería. –gritó el mago llamado Selwyn.
-Nunca has visto a Potter en tu vida, ¿verdad?. Creo que nos has atraído aquí para matarnos, ¿no? ¿Y piensas que así recuperarás a tu niña?
-¡Lo juro… lo juro… Potter está arriba!
-Homenum revelio. –dijo la voz al pie de las escaleras. Harry oyó el grito sofocado de Hermione, y tuvo la extraña sensación de que algo estaba bajando en picado sobre él, sumergiéndole el cuerpo en su sombra.
-Hay alguien arriba, Selwyn, -dijo el segundo hombre bruscamente.
-¡Es Potter, le digo, que es Potter! –sollozó Xenophilius-. Por favor… por favor… devuélvanme a Luna, sólo denme a Luna…
-Tendrás a tu niñita, Lovegood, -dijo Selwyn-, si subes esas escaleras y me traes a Harry Potter. Pero si es un complot, si es un truco, si tienes a un cómplice esperándome allí arriba para tendernos una emboscada, veremos si podemos darte un pedacito de tu hija para que la entierres.
Xenophilius gritó de miedo y desesperación. Se oyeron prisas y arañazos. Xenophilius trataba de pasar a través de los escombros de las escaleras.
-Vamos, -susurró Harry-, tenemos que salir de aquí.
Empezó a excavar él mismo cubierto por todo el ruido que Xenophilius estaba haciendo en la escalera. Ron estaba profundamente sepultado. Harry y Hermione treparon, tan silenciosamente como pudieron, sobre los restos donde yacía, tratando de quitar haciendo palanca una pesada cómoda de sus piernas.
Mientras Xenophilius golpeaba y arañaba arrastrándose más y más cerca, Hermione se las arregló para liberar a Ron utlizando un Encantamiento Levitatorio.
-Bien –jadeó Hermione, cuando la imprenta rota que bloqueaba la parte superior de las escaleras empezó a temblar. Xenophilius estaba a unos pasos de ellos. Todavía estaba blanca de polvo. -¿Confías en mi Harry?
Harry asintió.
-Entonces vamos. –susurró Hermione-. Dame la Capa Invisible. Ron, póntela encima.
-¿Yo? Pero Harry…
-¡Ron, por favor! Harry sujétame la mano con fuerza, Ron agarrame por el hombro.
Harry la sujetó con la mano izquierda. Ron desapareció bajo la Capa. La imprenta que bloqueaba las escaleras estaba vibrando. Xenophilius trataba de moverla usando un Encanto Levitatorio. Harry no sabía a qué estaba esperando Hermione.
-Sujétame fuerte –susurró-. Sujétame fuerte… sin dudar…
La cara blanca como el papel de Xenophilius apareció por la parte superior del aparador.
-¡Obliviate! –gritó Hermione, apuntándolo con la varita primero a la cara y después al suelo ante ellos. -¡Deprimo!
Había hecho un agujero en el suelo de la habitación. Cayeron como pedruscos. Harry todavía se aferraba a su mano como a la propia vida. Se oyó un grito abajo, y Harry vislumbró a dos hombres tratando de apartarse del camino de las enormes cantidades de escombros y muebles rotos que llovían a su alrededor desde techo destrozado. Hermione se giró en el aire y el estruendo de la casa derrumbándose zumbó en las orejas de Harry mientras ella lo arrastraba una vez más hacia la oscuridad.